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domingo, 15 de enero de 2012

YOTA, YOTA... YOTAmbién te creí

“Buenas tardes señor, en qué le puedo ayudar”. Vengo a pagar las facturas que no me han enviado y me han convertido en un cliente moroso pese a que vine en varias ocasiones a reclamarlas. “Mil disculpas, YOTA se hace responsable”. Pero estoy sin servicio, debo entregar un trabajo mañana mismo y necesito internet. “Usted no se preocupe, ve lo que dice en mi camiseta, dice, Soluciones no Reglas, por eso voy a hablar con mis superiores para gestionarle una noche de internet mientras usted se pone al día con su pago”. Gracias.

Esa conversación es, mínimo, la que los clientes esperamos del servicio al que hemos confiado nuestra firma, sin embargo no sucede. 

Estuve en un kiosko de YOTA en Multicentro las Américas, es cierto, estuve moroso por cinco meses, porque no me llegaban las facturas de esa empresa, así como es cierto que me personé a solicitarlas y también es cierto que cortaron el servicio un día antes de entregar un informe en el trabajo. Lo que no es cierto es que me trataran con amabilidad, es falso que se mostraran colaboradores y mucho menos cierto es que propusieron soluciones.

La muchacha que me atendió, parecía estar entrenada para discutir todo, aún sin tener razón en nada. Luego estaba un mequetrefe que sólo se levantó para recitarme de memoria los puntos del contrato donde se compromete el cliente. Cuando le pregunté si conocía aquellos donde se comprometía su empresa, desapareció como por arte de magia.

Ahora la conversación real:
--Buenas.
--¿Qué desea?
--Me cortaron el servicio y he venido en varias ocasiones a solicitar mis facturas.
--Usted sabía que si no le llegaban tenía que venir a un puesto de YOTA --apareció de la nada el mequetrefe..
--No, pero sabía que el contrato dice que ustedes están obligados a llevarme las facturas a mi casa.
--Usted debe cancelar 1650 córdobas.
--Bueno --rezongué, no voy a negar-, igual necesito entregar un informe mañana.
--Lo otro es que no se le puede restituir el servicio hasta mañana.
--Por favor, señorita, mi trabajo no puede esperar.
--Usted es el que no pagó.
--Sí y ustedes fueron los que no cumplieron el contrato --me contuve un poco y traté de negociar-, mire, su camiseta dice, “Soluciones No Reglas”, por favor ayúdeme a resolver el trabajo que tengo que entregar mañana.
Ella sólo me miró y se rió horriblemente, como si lo que le había dicho era ridículo y terminó su obra:
“¿Y qué quiere que haga?”

YOTA, ¿Para quiénes son las soluciones y contra cuáles reglas actuán? Ahora estoy esperando a cumplir el tiempo de contrato, porque da igual YOTA o CLARO, de todas maneras, las facturas no llegan y el trato, es el mismo.

La Vieja Escuela

 
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